El arte de los objetos cotidianos

Cien años de diseño industrial

 

«Detrás de cada objeto existe una pequeña revolución. O eso defiende Liliana Bolos, directora de comunicación de HTC, marca de telefonía móvil que con la ayuda de la revista de diseño Arquitectural Digest España inaugura este jueves la exposición Vivir con un icono.«No somos conscientes de la cantidad de iconos con los que convivimos diariamente», dice Bolos, que confiesa algunos de los secretos que ocultan las piezas de esta muestra. Como la Cafetera Moka Express de 1933, que gracias a su material, el aluminio, es capaz de transmitir el calor de manera eficaz mientras su porosidad le permite impregnarse del sabor del café. O el exprimidor Juicy Salif, diseñado en 1990 por Phillippe Starck a partir de un primer boceto realizado en una servilleta durante unas vacaciones.

Mesas, sillas, lámparas, grapadoras o piezas tan aparentemente simples como un vaso se podrán admirar en esta exposición gratuita que el Colegio de Arquitectos de Madrid (calle Hortaleza, 63) acoge del 9 al 23 de abril.

Es un recorrido por los últimos 100 años de la Historia del Diseño Industrial a través de 50 piezas que, a pesar de haber surgido con un fin práctico y funcional, terminaron convirtiéndose en imágenes de su época y, se atreven a decir, en obras de arte. «Sin ir más lejos y tirando un poco de lo español, la aceitera de Rafael Marquina de 1961», defiende Enric Pastor, director de AD España y comisario de la exposición. «Es un diseño cotidiano, común, doméstico y casero que me parece una obra de arte no sólo porque logra cumplir la función de que no se te caiga una gota de aceite sino porque el propio diseño es una obra que podría ser nuestra lata de Campbellsi la hubiera pintado Warhol», añade.

Otros objetos que componen la muestra son sillas como la Panton, presentada en 1967 por el influyente diseñador de mobiliario danés Vermer Panton como la primera silla apilable fabricada en policarbonato, es decir, plástico, de una sola pieza de inyección.

El sillón Wassily (1925), obra del arquitecto de origen húngaro Marcel Breuer que, empeñado en construir un mueble con la resistencia y ligereza de las bicicletas, experimentó con los tubos de acero de 20 milímetros que las componen, combinándolos con asientos y respaldos en cuero, lona o tela. Los omnipresentes y prácticamente indestructibles vasos de Duralex a través del diseño Picardie de 1954, o la primera mesa de IKEA que se comercializó desmontada, la Lövbacken en 1956.

«Esta exposición es un homenaje a esos hombres y mujeres, diseñadores, arquitectos o ingenieros que, con mucho esfuerzo e innovación, nos hacen el día a día más fácil y feliz», explica Bolos. Y suscribe las palabras de Pastor, que en el catálogo de Vivir con un icono señala algunos de esos objetos que nos hacen el día a día más confortable, a veces de manera gradual, otras de forma inmediata: «desde un asiento de bolitas de poliuretano donde sentarte como quieras a una silla dibujada en 3D por un robot con desechos de refrigeradores; de una grapadora tan eficiente como un revólver a un teléfono móvil, el HTC One M9, curvo como la mano y fácil de sujetar», afirma sobre este dispositivo, motivo de exposición y última pieza de la colección.

«Son objetos que has podido ver 100 veces en la consulta del dentista, en una revista o en películas, pero todos esconden una historia revolucionaria por su diseño, el material que se usó, cómo se construyó o cómo fue pensado. Se trata de reaprender y reconocer esos muebles y saber qué hay detrás de ellos», sentencia Enric Pastor.

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